La Unica Gata Espacial

· Equipo Animal
Cuando se habla de la carrera espacial, solemos pensar en la rivalidad entre Estados Unidos y la Unión Soviética. Sin embargo, otros países también intentaron dejar su huella en la historia.
Después de que los soviéticos enviaran a Laika y los estadounidenses a Ham, Francia buscó su propia forma de destacar.
De ratas a gatos
En 1961, los franceses enviaron una rata al espacio para estudiar los efectos de la ingravidez en el sistema nervioso. Pero el experimento pasó desapercibido y no aportó resultados concluyentes.
Fue entonces cuando el médico militar Robert Grandpierre propuso una idea más ambiciosa: enviar un gato al espacio.
La elección no fue casual. En aquella época, los gatos eran habituales en estudios de neurofisiología, lo que los convertía en sujetos ideales para este tipo de experimentos.
Un entrenamiento extremo
El Centro de Enseñanza e Investigación de Medicina Aeronáutica (CERMA) seleccionó a 14 gatas y las sometió a un entrenamiento intenso.
Pasaron por pruebas similares a las de los astronautas: centrifugadoras, espacios reducidos y simulaciones de ruido de cohetes. Además, se les implantaron electrodos en el cerebro para monitorizar su actividad.
Entre todas ellas, una destacó por su calma y estabilidad: inicialmente conocida como C 341, más tarde sería recordada como Félicette.
El viaje al espacio
El 18 de octubre de 1963, Félicette fue lanzada al espacio a bordo de un cohete Véronique AGI 47 desde Argelia.
Alcanzó una altitud de 157 kilómetros y experimentó unos cinco minutos de ingravidez. Poco después, su cápsula regresó a la Tierra en paracaídas.
A diferencia de Laika, logró sobrevivir al viaje.
Un regreso sin gloria
A pesar del éxito, su regreso no fue celebrado como el de otros animales astronautas.
Los medios la llamaron erróneamente “Félix”, y aunque los científicos corrigieron el nombre, el error persistió incluso en sellos conmemorativos.
Dos meses después, Félicette fue sacrificada para estudiar su cerebro, poniendo fin a su corta vida.
Un legado olvidado… y recuperado
Con el avance de la carrera espacial y el envío de humanos al espacio, su historia cayó en el olvido.
Sin embargo, en 2017, una campaña de financiación colectiva logró rendirle homenaje. Gracias a ello, hoy una estatua de bronce de Félicette se encuentra en la Universidad Internacional del Espacio en Estrasburgo.
Conclusión
La historia de Félicette es tan fascinante como agridulce. Fue una pionera que abrió camino en la exploración espacial, pero pagó un precio alto y durante décadas quedó en el olvido.
Hoy, su memoria nos recuerda tanto los avances científicos como las preguntas éticas que los acompañan.