Fuera de Control

· Equipo de Ciencia
Las autoridades sanitarias de la República Democrática del Congo intentan contener un nuevo brote de ébola en el este del país, una región marcada por conflictos armados, desplazamientos de población, minería informal y sistemas de salud extremadamente frágiles.
El brote, centrado en la provincia de Ituri, ya se ha extendido a la vecina Uganda y llevó a la Organización Mundial de la Salud (OMS) a declarar una emergencia de salud pública de preocupación internacional.
Según datos de las autoridades congoleñas y de la OMS citados por The Independent, hasta este miércoles se habían registrado más de 600 casos sospechosos y al menos 139 muertes sospechosas en la República Democrática del Congo.
La OMS también confirmó casos importados en Uganda, incluida una muerte, mientras que un ciudadano estadounidense infectado fue evacuado a Alemania para recibir tratamiento.
¿Qué hace diferente a este brote?
El brote está provocado por la cepa Bundibugyo del virus del ébola, mucho menos conocida que la cepa Zaire, responsable de algunas de las epidemias más mortales de esta enfermedad.
La variante Bundibugyo ya había sido detectada anteriormente en Uganda, durante los brotes de 2007 y 2012, pero sigue representando un enorme desafío: no existe una vacuna autorizada ni una prueba rápida aprobada específicamente para esta cepa. La OMS indicó que una vacuna podría tardar entre seis y nueve meses en estar disponible.
Esa limitación retrasó la respuesta inicial. Cuando aparecieron los primeros casos sospechosos en Ituri, las pruebas disponibles en la zona estaban diseñadas para detectar la cepa Zaire y dieron resultados negativos. Después, las muestras tuvieron que enviarse a Kinshasa, a más de 1.900 kilómetros de distancia, para su confirmación en laboratorio.
¿Por qué es tan difícil contener el virus?
El epicentro del brote se encuentra en comunidades mineras informales de Ituri, donde existe una gran movilidad de población, malas condiciones sanitarias y acceso muy limitado a servicios médicos formales.
A esto se suman décadas de violencia en el este del Congo, con varios grupos armados activos en Ituri y Kivu del Norte, lo que convierte algunas zonas en lugares peligrosos o directamente inaccesibles para médicos y organizaciones humanitarias.
Greg Ramm, director de Save the Children en el país, declaró a The Independent que en la provincia faltan suministros básicos, incluidos cloro, guantes y equipos de protección.
“Sabemos qué hacer cuando detectamos el ébola a tiempo. Ahora mismo, no está bajo control.”
El problema no es únicamente médico. En algunas comunidades, la desconfianza hacia las autoridades y los equipos sanitarios dificulta el rastreo de contactos y el aislamiento de los enfermos.
Según el reportaje, en la localidad de Mongwalu, algunas muertes fueron atribuidas inicialmente a brujería y no a la enfermedad, lo que retrasó todavía más la respuesta.
¿Existe riesgo de propagación regional?
La OMS considera que el riesgo global de propagación sigue siendo bajo, aunque evalúa el riesgo nacional y regional como alto.
La confirmación de casos en Uganda demuestra que el virus ya cruzó fronteras, y la organización admite que el número real de contagios podría ser mucho mayor que el detectado hasta ahora.
La propia OMS alertó sobre “importantes incertidumbres” respecto al verdadero número de infectados y la extensión geográfica del brote. Los casos sospechosos en distintas zonas sanitarias, la confirmación en Kampala y las muertes registradas en comunidades de Ituri apuntan a una epidemia potencialmente más grave de lo que reflejan las cifras oficiales actuales.
¿Por qué la inestabilidad empeora la crisis?
El este de la República Democrática del Congo atraviesa desde hace años una profunda crisis humanitaria. Miles de personas se desplazan constantemente debido a la violencia, muchas sobreviven en condiciones extremadamente precarias y los servicios públicos están sometidos a una enorme presión.
En Goma, la principal ciudad del este congoleño, profesionales sanitarios relataron a The Independent dificultades en la comunicación oficial, falta de materiales y temor a que las familias escondan a los enfermos en sus casas por miedo o desconfianza.
La situación se agrava además por los recortes en la ayuda internacional. Organizaciones humanitarias advierten que la reducción del financiamiento debilitó los sistemas de vigilancia epidemiológica, precisamente los mecanismos encargados de detectar brotes antes de que se propaguen.
La OMS también señaló que los programas de agua y saneamiento en el país han sufrido una caída drástica de recursos, algo especialmente peligroso en una enfermedad donde la prevención y el control de infecciones son decisivos.
¿Qué preocupa más a las organizaciones humanitarias?
Además de la elevada mortalidad del ébola, existe un gran temor al colapso del sistema sanitario.
Si los centros médicos cierran, si el personal sanitario se contagia o si la población deja de acudir a hospitales por miedo, otras enfermedades podrían volverse todavía más letales. Malaria, desnutrición, infecciones respiratorias y complicaciones durante el parto podrían aumentar el número de víctimas indirectas.
Ese es uno de los mayores riesgos señalados por las organizaciones sobre el terreno: la epidemia no golpea un sistema sanitario sólido, sino una red ya debilitada por la pobreza, la falta de equipamiento y los recortes financieros.
¿Qué ocurrirá ahora?
La prioridad inmediata es confirmar casos, aislar a los pacientes, rastrear contactos, proteger al personal sanitario y reforzar las medidas preventivas en las comunidades. Sin embargo, el contexto convierte esa misión en un desafío enorme.
La cepa es poco común, no existe una vacuna autorizada disponible, parte de las zonas afectadas son inseguras y la constante movilidad de las comunidades mineras aumenta el riesgo de propagación.
El brote ya es considerado la crisis de ébola más grave en el este del Congo desde 2018, cuando más de dos mil personas murieron.
La diferencia ahora es que las autoridades deben enfrentarse al virus en medio de una batalla prolongada, con menos ayuda internacional y con sistemas de salud todavía más vulnerables.