¿Adiós Café?

· Equipo de Comida
El café es, después del té y del agua, una de las bebidas más consumidas del planeta. Sin embargo, el cambio climático está convirtiendo su producción en una actividad cada vez más incierta.
Estudios recientes indican que actualmente existen, de media, 57 días más al año con temperaturas excesivas para el cultivo del café en comparación con la época preindustrial. La pregunta es inevitable: ¿qué le espera al café en el futuro y quién está pagando el precio más alto?
El estrés térmico reduce las cosechas
Cuando las plantas sufren temperaturas demasiado elevadas, producen frutos más pequeños y menos abundantes. En el caso de los cafetos, que necesitan temperaturas relativamente estables de entre 18 °C y 22 °C junto con lluvias regulares, el límite crítico se sitúa alrededor de los 30 °C.
La variedad más afectada es la Arabica, que representa más del 60 % de la producción mundial. Los investigadores han observado que sus rendimientos comienzan a disminuir incluso cuando las temperaturas superan los 25 °C.
Y el problema es evidente: los días extremadamente calurosos son cada vez más frecuentes en las regiones tropicales donde se cultiva el café.
Un clima cada vez menos favorable
Según investigaciones de Climate Central, el número anual de días con temperaturas superiores a 30 °C ha aumentado considerablemente en las principales regiones productoras de café.
En países como:
Brasil
Vietnam
Colombia
Etiopía
Indonesia
el incremento alcanza una media de 57 días adicionales al año.
Esto supone alrededor de 144 días anuales con temperaturas perjudiciales para los cafetos, afectando tanto a la cantidad como a la calidad de la producción. Además de reducir las cosechas, estas condiciones alteran los aromas y sabores complejos que caracterizan a los cafés más apreciados.
No solo el calor: también las lluvias
Las temperaturas elevadas no son el único desafío.
Las precipitaciones son cada vez más irregulares. Los períodos de sequía prolongada alternados con lluvias torrenciales dificultan enormemente la producción agrícola.
La inestabilidad climática también favorece la aparición de enfermedades y plagas. Un ejemplo destacado es la roya del café, que en 2012 destruyó hasta el 85 % de las cosechas en algunas zonas de Guatemala.
Asimismo, insectos perforadores como el escarabajo Hypothenemus hampei encuentran condiciones más favorables para expandirse.
La mitad de las zonas aptas podría desaparecer
Las previsiones para mediados de siglo son preocupantes.
Diversos estudios indican que, en escenarios de altas emisiones de gases de efecto invernadero, las áreas adecuadas para el cultivo del café podrían reducirse hasta en un 50 % para 2050.
Actualmente muchos productores trasladan sus plantaciones hacia zonas más elevadas y frescas. Sin embargo, esta estrategia tiene límites. A largo plazo simplemente podría dejar de haber suficiente territorio con las condiciones necesarias para mantener la producción.
¿Puede la geoingeniería salvar el café?
Algunos científicos han explorado soluciones poco convencionales.
Entre ellas se encuentra la llamada inyección estratosférica de aerosoles, una técnica de geoingeniería que consistiría en liberar partículas capaces de reflejar parte de la radiación solar para enfriar temporalmente el planeta.
Aunque los modelos climáticos muestran ciertos beneficios potenciales, los resultados son limitados. De las 18 regiones analizadas para cultivos como café, cacao y vid, solo seis mostraron mejoras significativas.
El problema es que, incluso con temperaturas más minimas, seguirían existiendo fuertes alteraciones en los patrones de humedad y precipitaciones.
La adaptación será clave
Ante esta realidad, los expertos consideran que la adaptación de los cultivos será fundamental.
Entre las medidas más importantes destacan:
Sistemas de riego más eficientes.
Uso de árboles que proporcionen sombra.
Conservación de la fertilidad del suelo.
Mejora de las prácticas agrícolas.
Las investigaciones más recientes sugieren que la capacidad de adaptación podría ser incluso más importante que la ubicación geográfica para determinar qué regiones seguirán produciendo café en el futuro.
Los pequeños agricultores son los más vulnerables
El desafío no afecta a todos por igual.
Aproximadamente el 95 % de los productores de café poseen menos de cinco hectáreas de tierra. Muchos de ellos apenas generan ingresos suficientes para mantener sus explotaciones, lo que dificulta enormemente la inversión en medidas de adaptación.
Paradójicamente, estos pequeños agricultores suelen asumir la mayor parte de los costes derivados del cambio climático mientras reciben una proporción reducida de ayudas financieras.
Por ello, numerosos especialistas insisten en la necesidad de proporcionar apoyo económico y técnico que permita a estas comunidades seguir cultivando café de manera sostenible.
Nuevas variedades para un nuevo clima
Otra estrategia consiste en diversificar las especies cultivadas.
Actualmente predominan dos variedades:
Arabica
Robusta
La Robusta está ganando popularidad debido a su mayor resistencia al calor.
Además, los investigadores estudian cada vez más el potencial de la variedad Liberica, que parece adaptarse mejor a condiciones climáticas cambiantes.
Sin embargo, la diversidad genética sigue siendo limitada frente a la magnitud de los cambios previstos.
La amenaza sobre las especies silvestres
Las variedades silvestres de café podrían convertirse en una fuente esencial de genes resistentes a la sequía y al calor.
El problema es que más del 60 % de las 124 especies silvestres conocidas se encuentran amenazadas de extinción.
Además, más del 40 % no está conservado en bancos de semillas, lo que incrementa el riesgo de perder recursos genéticos fundamentales para el futuro de la agricultura.
¿Café sin cafetos?
Mientras tanto, científicos y empresas ya están explorando alternativas.
En Finlandia se trabaja en la producción de café mediante cultivo celular. Los investigadores cultivan células procedentes de hojas de café en biorreactores y posteriormente las procesan para obtener un producto con características similares al café tradicional.
Aunque ya se han producido las primeras tazas experimentales, la fabricación a gran escala continúa siendo un gran reto.
Por otro lado, en Singapur se desarrollan bebidas con sabor a café obtenidas mediante la fermentación de residuos alimentarios. Muchas de estas alternativas no contienen cafeína, pero logran reproducir gran parte del sabor característico de la bebida.
Conclusión
El futuro del café será muy diferente al que conocemos hoy. El aumento de las temperaturas, la irregularidad de las lluvias y la expansión de enfermedades amenazan la estabilidad de uno de los cultivos más importantes del mundo. Aunque existen estrategias de adaptación, nuevas variedades y alternativas tecnológicas prometedoras, la disponibilidad, el precio y el sabor del café podrían cambiar significativamente durante las próximas décadas. Lo más probable es que el café siga formando parte de nuestras vidas, pero quizá no de la misma manera que hasta ahora.