Claves para Adelgazar

· Equipo de Comida
La obesidad no es solo un número en la báscula ni una cuestión estética. Se trata de una enfermedad crónica que afecta a millones de personas y repercute tanto en la salud física como en el bienestar emocional. Con motivo del Día Mundial de la Obesidad, conviene dejar atrás los prejuicios y abordar este problema desde la evidencia científica.
Para ello, hablamos con la Dra. Clotilde Vázquez, jefa corporativa del Servicio de Endocrinología y Nutrición de la Fundación Jiménez Díaz y de la red de hospitales Quirónsalud. Considerada una de las especialistas más reconocidas en este ámbito, analiza los avances en los tratamientos para adelgazar, el impacto de medicamentos como Ozempic, el papel de las dietas antiinflamatorias y algunos de los hallazgos del estudio PREDIMED Plus.
La obesidad no es una cuestión de voluntad
¿Seguimos viendo la obesidad como un problema de fuerza de voluntad o ya la entendemos como una enfermedad compleja?
"La respuesta es sí", afirma la especialista. Según explica, gran parte de la población sigue creyendo que una persona con sobrepeso u obesidad no se cuida lo suficiente o carece de disciplina.
Sin embargo, insiste en que esta idea es errónea. Aunque la enfermedad se manifieste por un mayor apetito o una menor sensación de saciedad, detrás existe una alteración de los neurotransmisores y de los mecanismos biológicos que regulan el peso corporal.
¿Por qué se recupera el peso perdido?
Una de las preguntas más frecuentes es por qué tantas personas vuelven a ganar peso incluso después de seguir correctamente una dieta.
La Dra. Vázquez explica que, tras adelgazar, el organismo activa mecanismos de defensa para recuperar el peso perdido.
Las hormonas relacionadas con el hambre, la saciedad y el gasto energético interpretan la pérdida de peso como una señal de alarma. Como consecuencia, aumenta el apetito, disminuye la sensación de saciedad y el cuerpo consume menos energía.
Entre las sustancias implicadas se encuentran la grelina, la leptina, el cortisol y distintos neuropéptidos. Si no se toman medidas para contrarrestar estos cambios, recuperar el peso resulta prácticamente inevitable.
La especialista recalca que esto no ocurre por falta de fuerza de voluntad, sino porque muchas veces no se planifica adecuadamente la fase de mantenimiento.
"Es más importante mantener el peso perdido que perderlo rápidamente", señala.
Un profesional con experiencia en obesidad diseña estrategias para prevenir ese efecto rebote. En cambio, perder 20 kilos y recuperar después 25 no solo anula el esfuerzo realizado, sino que aumenta la vulnerabilidad del paciente y dificulta futuros intentos de adelgazamiento.
El error más frecuente al intentar adelgazar
Según la endocrinóloga, muchas personas llegan a consulta con expectativas poco realistas, alimentadas por consejos sin base científica, redes sociales o métodos milagro.
El error más común consiste en querer perder peso lo más rápido posible.
Aunque una pérdida inicial acelerada pueda parecer un éxito, bajar el número de la báscula no siempre significa mejorar la salud. De hecho, adelgazar demasiado deprisa suele aumentar el riesgo de sufrir un importante efecto rebote.
Biológicamente existe una mayor predisposición a recuperar el peso cuando la pérdida ha sido muy rápida.
Los nuevos medicamentos para adelgazar
La aparición de fármacos como Ozempic y otros agonistas hormonales ha cambiado el tratamiento de la obesidad.
No obstante, la Dra. Vázquez insiste en que estos medicamentos deben utilizarse siempre dentro de un programa integral, acompañado por cambios en la alimentación, ejercicio físico y seguimiento médico.
No son una solución aislada, sino una herramienta más para tratar una enfermedad compleja.
Tres claves para adelgazar de forma saludable
Si tuviera que resumir sus recomendaciones en tres consejos, la endocrinóloga lo tiene claro.
La primera es entender la obesidad como una enfermedad, no como un fracaso personal.
La segunda consiste en no culpabilizarse. Tal y como explica, una persona con diabetes no se siente culpable por tener la glucosa elevada, sino que acepta la necesidad de recibir tratamiento y mantener un seguimiento continuo. Con la obesidad debería ocurrir lo mismo.
La tercera recomendación es ponerse en manos de profesionales, incluidos especialistas en actividad física, mantener una alimentación saludable y priorizar la calidad de vida antes que los resultados rápidos.
Cuando sea necesario, también considera adecuado recurrir a los nuevos medicamentos agonistas hormonales, siempre prescritos por un especialista y como parte de un tratamiento completo.
Conclusión
La obesidad es una enfermedad crónica que requiere un abordaje a largo plazo y basado en la evidencia. Más allá de las dietas rápidas o las soluciones milagro, el éxito depende de combinar una alimentación saludable, actividad física, seguimiento profesional y, cuando esté indicado, tratamiento farmacológico. Dejar de culpabilizar a quienes la padecen y entender sus mecanismos biológicos es un paso esencial para lograr resultados duraderos y mejorar la salud.