Tres ingredientes clave
Marta
Marta
| 30-06-2026
Equipo de Ciencia · Equipo de Ciencia
La piel es un espejo de lo que ocurre dentro del organismo, y en las personas con diabetes ese reflejo exige una vigilancia especial. Los niveles elevados de glucosa alteran el equilibrio natural de la barrera cutánea, la vuelven más frágil, seca y propensa a infecciones.
Con la llegada del frío, el viento y la calefacción, esos riesgos se multiplican. El doctor Francisco Navarro Triviño, dermatólogo del Hospital San Cecilio de Granada, explica cómo proteger la piel cuando se convive con esta enfermedad y qué señales de alarma conviene no ignorar.
Tres ingredientes clave

Por qué la diabetes castiga la piel

"En la diabetes, los niveles elevados de glucosa pueden alterar la función de barrera cutánea, disminuir la hidratación y afectar la circulación y la respuesta inmunitaria", resume el doctor Navarro. El exceso de azúcar en sangre daña los vasos sanguíneos y los nervios, lo que reduce la llegada de oxígeno y nutrientes a la piel y dificulta su capacidad de regeneración. Además, ese mismo exceso favorece el crecimiento de microorganismos como hongos y bacterias.
Qué sucede por dentro
Con las alteraciones de la glucosa, aumenta la pérdida de agua transepidérmica, se desajusta la producción de sebo y sudor, y la piel se adelgaza y fragiliza. También disminuye la sensación de dolor o calor, lo que puede retrasar la detección de heridas o infecciones. En invierno, el contraste entre el aire frío de la calle y la calefacción interior reduce aún más la humedad ambiental y agrava la descamación y el picor.

Señales de alerta y zonas más vulnerables

Sequedad intensa, grietas, enrojecimiento persistente, picor y pequeñas heridas que no cicatrizan son signos de que la piel reclama más atención o de que puede haber una infección en marcha. Los pies, las manos, las piernas y los codos son las áreas especialmente sensibles durante los meses de frío. En los pies, además, puede existir pérdida de sensibilidad, lo que eleva el riesgo de úlceras.
"Cuando la grieta se profundiza o se infecta, en personas con diabetes una pequeña lesión puede evolucionar muy rápido si no se trata a tiempo. Por eso es importante revisarse la piel a diario", advierte el dermatólogo. Una úlcera detectada y tratada a tiempo puede curarse sin complicaciones; si se demora, puede requerir tratamientos más complejos o incluso ingreso hospitalario.
Tres ingredientes clave

La rutina diaria que marca la diferencia

Lo más importante para proteger la piel con diabetes es la constancia. El doctor Navarro recomienda hidratación diaria con cremas emolientes, limpieza suave con jabones sin detergentes y revisión visual de la piel, en especial de los pies. También resulta clave mantener un buen control glucémico y una alimentación equilibrada.
Los tres ingredientes que no pueden faltar
A la hora de elegir cremas y jabones, el dermatólogo aconseja buscar productos hipoalergénicos, sin alcohol ni perfumes, y que contengan tres tipos de ingredientes: urea a baja concentración, glicerina y ceramidas. Los jabones syndet o de pH neutro son los más adecuados para la limpieza diaria sin agredir la barrera cutánea.

Los pies, el punto más delicado

Los pies reúnen varios riesgos en las personas con diabetes: pérdida de sensibilidad, menor circulación y tendencia a sufrir lesiones por presión o roce. Una herida que pasa desapercibida puede transformarse en una úlcera diabética. Por eso se recomienda una revisión diaria y acudir al podólogo con regularidad.
"La piel puede cambiar, pero con cuidados adecuados puede mantenerse sana y confortable. La clave está en la prevención, la hidratación y la autoobservación. Cuidar la piel es también una forma de cuidar la diabetes", concluye el doctor Navarro.