Acampada cerca de Estambul

· Equipo de Viajes
A veces las mejores pausas no exigen grandes travesías, sino un simple cambio de paisaje a un puñado de kilómetros de casa. Para quienes disponen de caravana, de una tienda de campaña o simplemente de ganas de desayunar frente a un lago, las afueras de Estambul esconden pequeños remansos donde el bosque, el agua y el silencio se alían para regalar un respiro. Aquí van tres direcciones que invitan a hacer la mochila sin pensarlo mucho.
La primera parada se encuentra en el distrito de Körfez, en Kocaeli. Las otras dos se reparten entre Derince y el pueblo de Esenceli, ya en la orilla de la presa de Ömerli. Las tres tienen algo en común: naturaleza abundante, accesos relativamente sencillos y ese punto justo de rusticidad que convence tanto a campistas fogueados como a quienes se inician en el arte de dormir al raso.
Sevindikli: un lago con reflejos de postal
El lago Sevindikli, muy cerca del peaje de la autopista del norte de Mármara, es una de esas sorpresas que agradece el viajero. Alrededor del agua, el camino de tierra se mantiene firme incluso con lluvia y, aunque el espacio con pérgolas y mesas es limitado, quien madruga o lleva sus propios asientos tiene premio asegurado. El área de juegos infantiles, la pequeña mezquita y los aseos quedan a un paso, y a cien metros de la entrada un grifo permite llenar el depósito de la caravana o refrescarse tras el paseo.
Un puente romano a cuatro kilómetros
Si apetece estirar las piernas o explorar en coche, el pueblo de Kutluca está a apenas cuatro kilómetros y medio. Allí se esconde el puente de Kutluca, una construcción de piedra del siglo I a. C. con veinticinco metros de largo, siete ojos y cinco arcos, descubierta por un investigador alemán en 1940. Quien pernocte junto al lago hará bien en madrugar: el amanecer pinta reflejos perfectos sobre el agua y el paseo circular de unos cuatro kilómetros, con el único acompañamiento de los pájaros, convierte el despertar en un regalo.
Tahtalı: el embalse de los árboles centenarios
Más grande que Sevindikli, el lago Tahtalı, en Derince, se abraza a un bosque denso que impide rodearlo a pie por completo. Los fines de semana abre un pequeño quiosco y los aseos, y aunque es habitual ver caravanas y tiendas junto a la orilla, conviene no arrimarse demasiado al agua. La barbacoa está permitida siempre que se evite el fuego directo en el suelo; hay contenedores repartidos, así que marcharse sin dejar rastro es tan fácil como obligatorio. De noche, el silencio es casi absoluto —quizá demasiado para espíritus inquietos—, pero la recompensa llega con el primer café frente al lago.
Agua curativa a quince kilómetros
A un cuarto de hora en coche brota el manantial de Dümbüldek, una fuente natural a la que atribuyen propiedades medicinales y un sabor excelente. Muchos vecinos acuden con garrafas; también hay un merendero donde hervir el agua recogida y preparar un té con vistas. Si el plan es salir del lago después del desayuno, esta parada alarga la excursión con otro paisaje y una historia local que beber.
Esenceli y la presa de Ömerli: espacio infinito junto al agua
Llegar al pueblo de Esenceli es sencillo, sobre todo si se toma la carretera de Şile y se aprovecha para visitar de paso el parque natural de Avcıkoru. En la plaza del pueblo, un pequeño colmado abastece de pan de hogaza y lo imprescindible; justo al lado, una fuente llena el depósito de la caravana. Desde allí, un camino de tierra en pendiente conduce hasta el mirador natural de la presa de Ömerli, un descampado enorme donde nunca falta sitio para plantar la tienda o aparcar la casa rodante. Eso sí, no hay ningún tipo de instalación, así que conviene ir bien pertrechados.
La orilla tienta, pero aparcar demasiado cerca del agua es jugársela: una lluvia repentina puede convertir el terreno en barro o encharcar el vehículo. Con esa única precaución, el lugar se presta tanto a la acampada como al simple picnic; la barbacoa está permitida si se controla y se apaga por completo. Aparcar frente a la presa, preparar un té y caminar sin rumbo alrededor del embalse es la mejor manera de llenar la memoria —y la tarjeta de la cámara— de buenas postales.