Memoria protegida
Ana
Ana
| 28-08-2026
Equipo de Ciencia · Equipo de Ciencia
Una breve sesión de ejercicio o una siesta puede ayudar a proteger la memoria después de una noche sin dormir, según un estudio dirigido por la Universidad McGill.
Los investigadores descubrieron que las personas que realizaron 20 minutos de ejercicio de intensidad moderada a alta o durmieron una siesta de 90 minutos obtuvieron un rendimiento aproximadamente un 22 % mejor en las pruebas de memoria después de permanecer 30 horas sin dormir que quienes no hicieron ninguna de las dos cosas.
Los resultados, publicados en <i>Proceedings of the National Academy of Sciences</i>, señalan estrategias prácticas para contrarrestar los efectos de la falta de sueño.
«La pérdida de sueño afecta prácticamente todos los aspectos de nuestra forma de pensar y funcionar, pero muchas personas no pueden simplemente dejar lo que están haciendo y dormir más», explicó el autor principal, Marc Roig, profesor de la Escuela de Fisioterapia y Terapia Ocupacional de la Universidad McGill.
«Nuestros resultados demuestran que incluso un breve periodo de ejercicio puede ayudar a preservar una de nuestras capacidades cognitivas más importantes». El estudio contó con la participación de 54 adultos jóvenes y sanos, que permanecieron despiertos durante 30 horas consecutivas bajo supervisión en un laboratorio.
Después, los participantes fueron divididos en tres grupos: uno realizó una sesión de 20 minutos de ciclismo, otro durmió una siesta de 90 minutos y el tercero no realizó ninguna de las dos actividades.
Tres días después, los investigadores evaluaron la memoria de los participantes mediante imágenes que habían visto inmediatamente después de la intervención. Quienes habían hecho ejercicio o dormido la siesta recordaron muchas más imágenes que aquellos que no hicieron ninguna de las dos cosas.
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Mismo resultado, diferentes mecanismos

Aunque los beneficios sobre la memoria fueron prácticamente idénticos, los registros de la actividad cerebral revelaron que el ejercicio y la siesta actuaron de maneras diferentes. La siesta pareció ayudar al cerebro a recuperarse, facilitando la capacidad de asimilar y recordar información nueva. El ejercicio, en cambio, ayudó al cerebro a utilizar de manera más eficiente los recursos que aún tenía disponibles, sin hacer que los participantes se sintieran más cansados. Estos resultados podrían contribuir en el futuro al desarrollo de estrategias para controlar la fatiga en entornos laborales donde la falta de sueño es habitual y los errores pueden tener consecuencias graves, como la atención sanitaria, el transporte y los servicios de emergencia. "No siempre es posible echarse una siesta durante un turno de trabajo", señaló la primera autora, Madhura Lotlikar, doctoranda del Departamento de Neurología y Neurocirugía de McGill. "El ejercicio es accesible, económico y fácil de incorporar. Por eso, es una herramienta prometedora para ayudar a las personas a mantener la agudeza mental cuando el tiempo de descanso es limitado". Los investigadores subrayan que el ejercicio no puede sustituir al sueño, pero puede ayudar a las personas a desenvolverse mejor cuando dormir lo suficiente no es posible.
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Conclusión

En definitiva, una breve sesión de ejercicio o una siesta pueden ayudar a preservar la memoria tras una noche de privación de sueño. Aunque ninguna de estas opciones sustituye un descanso adecuado, ambas podrían ser herramientas útiles para mantener el rendimiento mental cuando dormir lo suficiente no es posible.